Al norte de los pastizales y los bosques templados se extiende la taiga (también llamada bosque de coníferas del norte. La taiga, que es el bioma terrestre más grande de la Tierra, se extiende a través de América del Norte, Escandinavia y Siberia, y casi da vuelta al globo. Incluye partes de Alaska y el norte de Estados Unidos, y gran parte del sur de Canadá.

Las condiciones en la taiga son mucho más duras que en los bosques templados caducifolios, con largos inviernos fríos y cortas épocas de florecimiento. Aquí la precipitación anual es alrededor de 40 a 100 centímetros, mucha de ésta se presenta en forma de nieve. Los árboles en la taiga son principalmente coníferas, como píceas y abetos. Su forma cónica y agujas estrechas y rígidas les permite despojarse de la nieve de manera eficiente. Las hojas con forma de pequeñas agujas, cubiertas con una sustancia cerosa, minimizan la pérdida de agua durante los largos inviernos, cuando el agua se encuentra congelada. Al retener sus hojas, estos árboles siempre verdes conservan la energía que los caducifolios deben emplear para que crezcan nuevas hojas, y están listos para sacar ventaja cuando las condiciones sean propicias para el florecimiento al llegar la primavera. Grandes mamíferos (incluidos osos negros, alces, ciervos y lobos) todavía deambulan por la taiga, así como glotones, linces, zorros, gatos monteses y liebres americanas. Estos bosques también sirven como terrenos de reproducción para muchas especies de aves de América del Norte.

Impacto humano

El desmonte (cortar todos los árboles en un área dada) para fabricar papel y para la construcción destruyó enormes extensiones de taiga tanto en Canadá como en el Pacífico noroeste de Estados Unidos. Desafortunadamente en la actualidad existe la necesidad, cada vez más grande, de extraer gas natural, poner presas a ríos (con el propósito de generar electricidad) y talar más bosques antiguos (principalmente para satisfacer la demanda de madera y productos de papel de los consumidores estadounidenses).

A pesar de esto, gran parte de la taiga canadiense permanece intacta. Alentadoramente, en 2008, los gobiernos provinciales de Ontario y Québec se comprometieron a proteger la mitad de los bosques boreales de propiedad pública, y a gestionar el resto de manera sustentable.