¿QUÉ ES LA POLIOMIELITIS?

La poliomielitis, o simplemente polio, es causada por el poliovirus. El comienzo de la enfermedad se caracteriza por fiebre, cefalea intensa, rigidez de nuca y espalda, debilidad y dolor muscular prolongado y pérdida de algunos reflejos somáticos. En la forma más grave, el virus provoca parálisis por la destrucción de los cuerpos celulares de las neuronas motoras, especialmente de aquellas localizadas en las astas anteriores de la médula espinal y en los núcleos de los nervios craneales.

La polio puede conducir a la muerte por insuficiencia respiratoria o cardíaca, si el virus invade las neuronas de centros vitales del tronco encefálico encargados de controlar la respiración y la función cardíaca. A pesar de que la vacuna contra la polio erradicó virtualmente la enfermedad en los Estados Unidos, siguen los brotes de esta enfermedad presentándose en el mundo.

Síndrome pospoliomielítico

Décadas después de haber sufrido un ataque grave de polio y de haberse recuperado, algunos pacientes desarrollan el síndrome pospoliomielítico. Este trastorno neurológico se caracteriza por un estado de debilidad muscular progresiva, fatiga excesiva, pérdida de algunas funciones y dolor, en especial, en los músculos y en las articulaciones. Los factores precipitantes serían caídas, traumatismos menores, cirugías y reposo prolongado en cama.

Las causas posibles podrían ser la sobreutilización de las neuronas motoras supervivientes, el menor tamaño de las neuronas motoras por la infección inicial, la reactivación de partículas virales latentes, las respuestas inmunomediadas, las deficiencias hormonales y las toxinas ambientales.

El tratamiento se basa en ejercicios de estiramiento muscular, administración de piridostigmina (para incrementar la función de la acetilcolina como estimulante de la contracción muscular) y de factores de crecimiento nervioso, para favorecer el crecimiento neural y muscular.