¿QUÉ ES LA ESCLEROSIS MÚLTIPLE?

La esclerosis múltiple (EM) es una enfermedad caracterizada por la destrucción progresiva de las vainas de mielina en las neuronas del Sistema Nervioso Central. Afecta a alrededor de 2 millones de personas en todo el mundo. Generalmente, comienza entre los 20 y 40 años de edad y afecta con una frecuencia doble a las mujeres que a los hombres. La EM es más común en la raza blanca, menos frecuente en los negros y rara en los asiáticos.

Es una enfermedad de etiología autoinmunitaria: el propio sistema inmunitario del cuerpo es el que conduce el ataque. El nombre de esta afección hace referencia a los hallazgos de la anatomía patológica: en múltiples regiones las vainas de mielina presentan esclerosis, es decir, la formación de placas o cicatrices endurecidas. La resonancia magnética (RM) revela numerosas placas en la sustancia blanca del encéfalo y de la médula espinal. La destrucción de las vainas de mielina hace que la propagación de los impulsos nerviosos sea más lenta, además de crear cortocircuitos. La presentación más frecuente del trastorno es la esclerosis múltiple con recaídas y remisiones, que habitualmente aparece en el adulto joven.

Primeros síntomas de la esclerosis múltiple

Los primeros síntomas pueden incluir una sensación de pesadez o debilidad muscular, alteraciones sensitivas o diplopía. Un ataque agudo es seguido por un período de remisión, durante el cual los síntomas desaparecen temporalmente. Los ataques se presentan en forma sucesiva, por lo general, cada año o cada dos años. El resultado es la pérdida de la función alternada con períodos de remisión, durante los cuales los síntomas mejoran. Aunque la causa de la esclerosis múltiple no es clara, parecen contribuir tanto la susceptibilidad genética como la exposición a algunos factores ambientales (tal vez un herpesvirus).

Desde 1993, muchos pacientes que sufrían esclerosis múltiple con recaídas y remisiones fueron tratados mediante la administración parenteral de interferón beta. Este tratamiento aumenta el tiempo entre las recaídas, disminuye su intensidad y, en algunos casos, hace más lenta la formación de nuevas lesiones. Desafortunadamente, no todos los pacientes que padecen EM pueden tolerar el interferón beta, y la terapia se vuelve menos efectiva con la progresión de la enfermedad.