Los virus, ¿están vivos?

EN 1996, EN GABÓN, ÁFRICA, una partida de caza descubrió un chimpancé que había muerto recientemente y lo destazaron para comerlo. Al cabo de un mes, la aldea estaba devastada: 37 residentes, incluidos los cazadores y muchos de sus familiares, habían enfermado. Antes de que terminara el azote, más de la mitad de los afectados había muerto. Los aldeanos fueron víctimas de uno de los patógenos más terribles del planeta: el virus del Ébola. La sola mención de la fiebre hemorrágica del Ébola suscita el miedo de quien conoce los síntomas, que inician con fiebre, jaqueca, dolor de articulaciones y músculos, así como del estómago. La enfermedad progresa a vómito intenso, diarrea sanguinolenta y falla orgánica. Por la hemorragia interna, las víctimas sangran por todos los orificios del cuerpo. La muerte ocurre entre 7 y 16 días después del inicio de los síntomas, y no hay cura. La fiebre del Ébola es tan contagiosa y letal (tiene un índice de mortalidad de hasta 90%), que deben tomarse precauciones extremas para que los cuidadores no tengan contacto con los líquidos corporales de los pacientes.

La fiebre del Ébola es una de muchas enfermedades infecciosas causadas por virus. Se supuso por primera vez la existencia de virus —entidades mucho más pequeñas que la mayoría de las bacterias— a finales del siglo XIX. El nombre “virus” procede de la palabra latina que significa “veneno”, en razón de sus efectos patogénicos. Algunos, como el de la viruela o la polio, están casi completamente erradicados, mientras que otros, como los del resfriado común y la influenza, permanecen con nosotros pero sólo nos debilitan temporalmente. Los virus que más preocupan a las autoridades sanitarias son el virus de inmunodeficiencia humana (VIH), que causa el sida y produce la muerte de unos dos millones de personas cada año, y el virus de la influenza aviar (H5N1). Aunque el recuento total de muertos por la gripe aviar a inicios de 2009 fue de unas 250 personas, su índice de mortalidad es mayor de 60%.

A las autoridades sanitarias les preocupa que la gripe aviar mute a una forma mucho más infecciosa que cause una epidemia mundial. A juzgar por las desgracias que causan, los virus tienen un éxito arrollador. Infectan toda forma de vida sobre la Tierra y son las partículas infecciosas que más abundan en el planeta. Los virus se propagan de un organismo a otro, se reproducen fácilmente y mutan. Esta tendencia a mutar les sirve para evadir nuestros intentos por crear vacunas que los combatan. A pesar de esto, la mayoría de los científicos opinan que los virus no están vivos. ¿Por qué? Y, a fin de cuentas, ¿qué es la vida?