Lamarck: primera teoría de la evolución

A principios del siglo XIX, Jean Baptiste Lamarck elaboró la primera teoría de la evolución que explicaba, de alguna manera, cómo evolucionan las especies. Lo más destacable de esta teoría no es la explicación mecanicista de los cambios evolutivos, sino el nuevo enfoque que dio a lo ya conocido por la geología y la paleontología. Lamarck interpretó el registro fósil como una sucesión de formas, donde las más simples daban origen a las más complejas, por acumulación de cambios.

Arribó a esta idea, basado en preceptos filosóficos de la época, que lo llevaron a sostener que los organismos “sienten” un deseo innato a ascender en la escala zoológica.

Veamos de qué modo explicó Lamarck cómo se dieron los cambios evolutivos.

Su teoría estaba basada en los siguientes postulados:

  • Generación espontánea de los organismos más simples.
  • Impulso natural a la perfección.
  • El ambiente como desencadenante de cambios en los organismos.
  • Herencia de los caracteres adquiridos.

Según Lamarck, los organismos más sencillos surgían espontáneamente de la materia inerte, y todos ellos poseían un impulso natural que los conducía a progresar en la escala zoológica. A medida que estos organismos ganaban en complejidad, otros organismos sencillos se generaban para reemplazarlos. Lamarck pensaba que como la necesidad de progreso era tan intensa, toda forma de vida sencilla (por ejemplo, un gusanito) podía ir modificándose hasta convertirse en un ser humano. Esta postura antropocéntrica responde al modo de ver la naturaleza en ese entonces. Lamarck consideraba a todos los demás organismos como desvíos en ese camino al hombre, tales desvíos eran determinados por las condiciones del ambiente.

Los cambios en las condiciones ambientales promueven el surgimiento de nuevas necesidades, y los organismos, movidos por el impulso a la perfección, adquieren modificaciones morfológicas (mejoran algunos órganos, atrofian otros) para satisfacer aquellas necesidades nuevas. Esas modificaciones morfológicas se adquieren por el uso continuo del órgano, así como el desuso de alguna estructura conlleva a su atrofia e incluso a su desaparición. Un punto muy importante de esta teoría es la herencia de los caracteres adquiridos.

Lamarck postulaba que todas las modificaciones que los individuos adquieren se heredan. Así, los cambios se acumulan, ya que en cada generación se agregan modificaciones que a su vez se heredan. Si las condiciones ambientales que desencadenaron estos cambios se mantienen durante el tiempo suficiente, toda la población se acomoda a la nueva situación ambiental. Para Lamarck, todos los individuos de una población eran iguales, por lo que consideraba que las poblaciones eran homogéneas. Como todos los individuos de una población respondían de la misma manera frente a los cambios ambientales, era lógico suponer que las poblaciones mantenían su homogeneidad a lo largo de las generaciones.

Uno de los casos que más impactó a Lamarck fue el desarrollo desmesurado de las patas y el cuello de la jirafa. Veamos como Lamarck explicó el mecanismo involucrado:

  • Población original homogénea: todas las jirafas de esa población tienen patas y cuello cortos.
  • Cambio ambiental: el ambiente se tornó seco, lo que acarreó la desaparición de la vegetación del suelo; sólo sobrevivieron los árboles.
  • Nuevas necesidades: alimentarse de las hojas de los árboles.
  • Impulso natural a la perfección: las jirafas “sienten” un deseo imperioso de estirar el cuello y las patas para alcanzar esas hojas.
  • Adquisión de caracteres: debido al uso, el cuello y las patas se iban estirando.
  • Herencia de caracteres adquiridos: cada nueva generación de jirafas nacía con patas y cuellos cada vez más largos.

Hoy en día sabemos que las poblaciones NO son homogéneas, que los caracteres adquiridos no se heredan, que el uso de un órgano no lo desarrolla ni el desuso lo atrofia y que ningún ser vivo surge por generación espontánea. No debemos por esto desacreditar el aporte de Lamarck. Los desaciertos de su teoría son totalmente comprensibles en el contexto de la época. Por esos días, nada se sabía acerca de la existencia de una base genética de la herencia, ni del origen de la vida. Las conclusiones a las que arribó eran simples especulaciones, sin fundamento, sin un correlato con la realidad biológica. Pero, más allá de estos “errores”, el gran aporte de Lamarck a la Biología fue plantear por primera vez la idea de cambio, de progreso, de evolución, como así también un cuerpo teórico que permitiera explicar los mecanismos involucrados en los procesos evolutivos.