LA DIGESTIÓN

En el siglo xviii, los fisiólogos compartían el conocimiento de que todo ser vivo requiere de energía y materia para mantener su estructura y lograr un estado de homeostasis, y que, a diferencia de las plantas -que producen su propio alimento-, los animales deben consumirlo del exterior. Sobre esta base, formularon una pregunta que guiaría numerosas investigaciones, que resultaron clave para el conocimiento del proceso digestivo:

¿Cómo y dónde se fragmenta el alimento ingerido para dar origen a partículas más simples?

La respuesta a esta pregunta ya no formaba parte del consenso, ya que, según las distintas corrientes de pensamiento, el proceso de degradación de los alimentos -la digestión- se explicaba para unos como un proceso mecánico y para otros, químico. Mientras que para los naturalistas “mecanicistas” quienes buscaban explicaciones mecánicas para todos los fenómenos del cuerpo humano, la trituración de los alimentos era el proceso más importante de la digestión, los que pensaban que los fenómenos químicos prevalecían insistían en que debía existir algún agente químico responsable de la digestión de los alimentos.

Este debate dio lugar a una enorme diversidad de experimentos, con frecuencia tan sencillos como ingeniosos, a través de los cuales fisiólogos de diferentes épocas y lugares intentaban poner a prueba, corroborar o desechar sus hipótesis. De este modo se fueron conformando y consensuando modelos explicativos sobre los procesos que, en los animales, experimenta el alimento desde que ingresa por la boca hasta que es metabolizado por las células del organismo o hasta que, finalmente, abandona el sistema digestivo en forma de heces.

LA EVOLUCIÓN DE LOS SISTEMAS DIGESTIVOS

Como resultado de un largo proceso evolutivo, los metazoos se han ido diversificando y dieron lugar a una variedad de organismos que presentaron diversas estructuras en la obtención y el procesamiento de su alimento. Hoy esta diversidad está representada en los distintos linajes. Por ejemplo, ciertos invertebrados poseen un sistema digestivo muy simple con una sola abertura, mientras que otros presentan especializaciones en distintos tramos del tubo digestivo. Como parte de esta especialización, algunos grupos presentan un sistema altamente replegado, que provee una superficie mayor que favorece el intercambio de sustancias.

Además, bajo las distintas presiones de selección relacionadas con la diversidad de las fuentes alimenticias disponibles y con la competencia por el alimento entre especies que utilizan recursos similares, el segmento inicial del sistema digestivo -la cavidad oral- presenta una gran diversidad de estructuras en los distintos grupos animales. Por ejemplo, muchas de las aves actuales, que carecen de dientes, poseen zonas especializadas de almacenamiento en el tubo digestivo (buche o molleja), que contienen partículas de arena y grava. Esta característica contribuye a la ruptura y la trituración de los alimentos ingeridos.

En los vertebrados, el sistema digestivo, dividido en numerosos compartimientos, hace posible una división del trabajo que lleva a una mayor eficiencia en cada una de las etapas del proceso digestivo: captación y digestión del alimento, absorción del alimento digerido y eliminación de desechos.