INFECCIONES DE TRANSMISIÓN SEXUAL

Para los microorganismos patógenos, la vía de transmisión sexual es un camino muy eficiente para hallar nuevos hospedadores. En una buena parte de las sociedades humanas, debido a la falta de información, a las condiciones de vida deficientes y a los prejuicios existentes en torno de la sexualidad, es difícil que los afectados busquen rápidamente el diagnóstico y el tratamiento adecuado para combatirlas.

Por lo tanto, no debe extrañar que los microorganismos parásitos responsables de las infecciones y enfermedades de transmisión sexual hayan tenido un enorme éxito y en las últimas décadas se hayan dispersado de manera amplia, junto con el incremento de la inequidad social entre países y en el interior de los mismos.

En 1998, la Organización Mundial de la Salud (OMS) propuso denominar infecciones de transmisión sexual (ITS) a estas afecciones, ya que muchas de ellas son asintomáticas y pasan inadvertidas para el personal de la salud. Sin embargo, muchas de estas infecciones pueden devenir en enfermedades, como en el caso del sida, por lo cual también pueden denominarse enfermedades de transmisión sexual (ETS).

Linfogranuloma venéreo

Millones de personas, la mayoría mujeres, padecen cada año la enfermedad provocada por la bacteria Chlamydia trachomatis, lo cual ha transformado al linfogranuloma venéreo (LGV) en la enfermedad de transmisión sexual más frecuente. Esta enfermedad venérea se caracteriza por la aparición de una úlcera transitoria en los genitales externos y por el engrosamiento de los ganglios linfáticos de la ingle (en el hombre) y pararrectales (en la mujer).

Las adolescentes son las que en mayor riesgo se encuentran de adquirirla debido a que los tejidos juveniles del cérvix son más sensibles a la infección. Esta enfermedad no suele manifestarse con síntomas destacables. No obstante, si no se trata, puede afectar el útero y las trompas. Al menos una de cada cuatro mujeres en esta situación padece, con posterioridad, esterilidad y embarazos ectópicos (p. ej, en las trompas). Asimismo, puede causar infertilidad masculina.

Gonorrea

También conocida como blenorragia, es una afección contagiosa común causada por Neisseria gonorrhoeae. Transmitida principalmente por contacto sexual, esta bacteria produce una toxina que provoca irritación y dolor en las zonas afectadas, inflamación de la mucosa del tracto genital, secreción purulenta y micción frecuente y dolorosa. La afección puede causar esterilidad, si alcanza el epidídimo en los hombres y los ovarios en las mujeres. En su etapa más avanzada, puede provocar lesiones cardíacas y nerviosas.

Virus de Papiloma Humano

Cada año se declaran unos 750.000 casos de verrugas genitales causadas por el Virus de Papiloma Humano (HPV) en personas de entre 20 y 24 años. Estas verrugas son sólo una de las manifestaciones más benignas de la afección. En combinación con otros factores, algunas cepas del virus parecen ser responsables, en parte, del cáncer de cuello de útero, de vagina y de pene.

Por esta razón, es de vital importancia que las mujeres afectadas por esta enfermedad venérea se realicen con una frecuencia regular un frotis cervical (PAP o Papanicolaou) para detectar precozmente cambios en las células cervicales del útero. Por lo general, esta afección se trata con criocirugía, aunque se están ensayando nuevos tratamientos.

Virus del herpes simple 2 (HSV-2)

Hasta la aparición de la epidemia del sida, el herpes se consideraba una de las infecciones virales de transmisión sexual cuya incidencia se incrementaba más en jóvenes de 15 a 29 años. Un gran porcentaje de adultos tiene anticuerpos contra esta infección viral, lo que indica la presencia de una infección por HSV-2. Además, puede provocar ampollas y vesículas ulcerosas en los labios, las ventanas nasales, la conjuntiva, la córnea y la piel de los genitales tanto de hombres como de mujeres.

El virus puede pasar de la madre al hijo durante el parto. En los bebés puede causar ceguera, sordera e incluso la muerte. Sin embargo, puesto que la mayoría de las personas no evidencian síntomas externos, sólo una pequeña proporción es consciente de la infección.

Sífilis

La bacteria que causa la sífilis, Treponema pallidum, ingresa en el organismo durante el contacto sexual, a través de las mucosas o por lesiones en la piel y puede ser transportada por vía linfática o sanguínea a todo el organismo. Esta enfermedad de transmisión sexual puede causar lesiones neurológicas graves, si no se diagnostica y trata de manera conveniente y oportuna.

En el sitio de infección inicial se forma una pequeña úlcera indolora llamada chancro, que sana con rapidez; en esa etapa, la enfermedad es muy contagiosa. En una segunda fase de la enfermedad puede haber lesiones escamosas altamente infecciosas. Por último, la fase latente puede durar muchos años.

Sida

El síndrome de inmunodeficiencia adquirida (sida) es causado por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), cuya dispersión y alta incidencia en la población mundial lo ha convertido en una verdadera epidemia. La transmisión del virus está favorecida por la preexistencia de otras enfermedades venéreas, como las que producen ulceraciones abiertas, por pequeñas que sean, en los genitales.

Entre los investigadores de la salud dedicados a detener el avance de esta enfermedad existe consenso en que es necesario que se produzcan cambios en las prácticas sexuales de la población, de manera que se practique un sexo más seguro. Sin embargo, para eso las personas primero deben comprender los mecanismos de contagio, conocer los riesgos involucrados y asumir que son vulnerables o susceptibles de contraer las enfermedades de transmisión sexual. Esto obliga a romper los estereotipos de que estas enfermedades afectan sólo a personas de “dudosa reputación” o de que la enfermedad puede ser contraída “por otros grupos” aunque no aquel al que se pertenece.

No es probable que la medicina consiga producir formas de protección completa contra microorganismos que, evolutivamente, han conseguido utilizar la transmisión sexual como parte de su forma de vida y como su vía de dispersión. El recurso disponible para minimizar los riesgos es llevar a cabo una actividad sexual segura, con métodos de barrera que disminuyan el riesgo de transmisión de virus y otros microorganismos patógenos.