Evolución

Durante siglos la humanidad sostuvo la idea de la creación divina de las especies animales y vegetales, y su posterior conservación e inmutabilidad en el tiempo. Esta manera de ver la naturaleza fue conocida como fijismo.

Recién a principios del siglo XIX, se comenzó a considerar seriamente la posibilidad de que las especies sufran cambios con el transcurso del tiempo. Sin embargo, aún había quiénes defendían el fijismo, cuya más notable defensor fue Georges Cuvier. Él era paleontólogo y aceptaba que muchísimas especies ya no existían, y que muchas otras especies actuales aparecieron recientemente. Su interpretación al respecto era que habían ocurrido a lo largo del tiempo, una serie de catástrofes que llevaban a extinciones en masa; y posteriormente, creaciones de nuevas especies. Esas especies, según Cuvier, eran inmutables (no cambiaban) desde el momento de su creación hasta su extinción.

En ese entonces, otra creencia muy difundida era la GENERACIÓN ESPONTÁNEA: se daba por sentado que las formas de vida inferiores (gusanos, moscas, serpientes y ratones) surgían de la materia inerte. Por ejemplo, la aparición de gusanos en la carne en descomposición, lombrices en el barro y ratones en granos de maíz tapados por una camisa sudada.

En este marco conceptual surgió la idea de cambio, de evolución. Comenzó a aceptarse que, durante el paso del tiempo, las especies sufren modificaciones que les permiten adecuarse al ambiente. Al principio, estas ideas fueron resistidas duramente por la Iglesia, la sociedad e incluso por la misma comunidad científica; sin embargo, las evidencias que se han ido acumulando hasta nuestros días, terminaron por darle peso y credibilidad a la idea evolutiva.

Esas evidencias son:

  • El registro fósil, que muestra cómo han sido las formas de vida anteriores y de qué modo fueron reemplazándose unas a otras;
  • La homología en la anatomía de los seres vivos, que revela que muchos organismos poseen un mismo plan estructural, como por ejemplo, el esqueleto de todos los vertebrados.
  • La biodiversidad, ya que existen una enorme cantidad de especies, muchas de ellas muy parecidas entre sí, lo que resulta difícil de explicar a partir de creaciones individuales;
  • La distribución geográfica de los organismos, puesto que existen ambientes similares poblados por organismos distintos entre sí, que, por ocupar ecológicos parecidos, presentan similitudes anatómicas y/o comportamentales.
  • La adaptación de los individuos a su ambiente, la que no siempre es perfecta, como planteaban los creacionistas, sino que resulta de la interacción con el ambiente: la solución a un problema ambiental puede no ser la óptima;
  • Las semejanzas embriológicas entre especies muy diferentes, que revela una relación evolutiva entre ellas;
  • La Teoría Celular, que dice que todos los organismos están constituidos por células, estructural y funcionalmente similares en todos ellos; y
  • La semejanza en el nivel molecular, la cual evidencia el enorme parecido tanto en la estructura de las biomoléculas, como en la función que éstas cumplen. Por ejemplo, el material genético de todo los seres vivos es ADN.