EL TUBO DIGESTIVO DE LOS VERTEBRADOS

El sistema digestivo de los vertebrados es, básicamente, un tubo largo y sinuoso que se extiende desde la boca hasta el ano. A los fines de comprender las funciones que se llevan a cabo en cada uno de sus órganos (que pueden asimilarse a “laboratorios” químicos), los recorreremos secuencialmente, tal como lo hace el alimento desde que lo ingerimos. Es interesante recordar, como señalara el fisiólogo ruso Iván P. Pavlov (1849-1936), que la superficie interna del tubo digestivo es una prolongación de la superficie externa del cuerpo y, por esta razón, la cavidad digestiva no forma parte del medio interno de un organismo. Los nutrientes ingresan en éste sólo cuando atraviesan el epitelio que reviste el tubo digestivo.

Las contracciones coordinadas del músculo liso externo producen movimientos tanto de mezcla, ondulatorios, como peristálticos, que propulsan el alimento a lo largo del tubo digestivo. En varias zonas la capa muscular se engrosa y forma bandas anchas, los esfínteres, los cuales, al relajarse o contraerse, actúan como válvulas que controlan el paso del alimento de un compartimiento a otro del tubo digestivo. La mayor parte el sistema digestivo se aloja en la cavidad abdominal. Esta cavidad está tapizada por completo por el peritoneo, una capa delgada de tejido conjuntivo y epitelio (serosa), que protege los órganos abdominales.

Procesamiento inicial del alimento: la boca

En la boca comienza la fragmentación mecánica del alimento. La mayoría de los mamíferos tienen dientes con los que rompen y trituran la comida que ingieren. Dentro de la boca se encuentra la lengua, una adquisición de los vertebrados. En los mamíferos, la lengua mueve y mezcla el alimento y lo dirige hacia la parte posterior de la boca. Algunos vertebrados, como la lamprea y los mixines, que carecen de mandíbulas, tienen lenguas con “dientes” córneos. Los sapos y las ranas usan su lengua pegajosa, unida sólo a la parte anterior de la boca, como un látigo y así capturan insectos de los que se alimentan. La lengua de los mamíferos tiene papilas gustativas por medio de las cuales estos animales perciben el sabor de los alimentos. Además de proveer este sentido químico, en los seres humanos la lengua se utiliza para articular sonidos durante la comunicación oral.

Durante la masticación, la saliva, producida principalmente por tres pares de glándulas salivales, humedece y lubrica el alimento. La saliva es ligeramente alcalina debido a que contiene bicarbonato de sodio. En muchos mamíferos que mastican su alimento, la saliva también contiene una enzima, la a milasa salival, que digiere inicialmente hidratos de carbono tales como los almidones. En los seres humanos, la primera etapa de la digestión tiene lugar en la boca, a partir de la secreción de saliva. Este proceso es controlado por el sistema nervioso autónomo y puede ser iniciado por la mera presencia de alimento en la boca e, incluso, como demostrara Pavlov en sus experimentos sobre aprendizaje asociativo, por el simple olfato o vista del alimento. El miedo inhibe la salivación y, en ocasiones de gran peligro o estrés, la boca puede secarse tanto que es difícil hablar. En promedio, los humanos producimos entre 1 y 1,5 litros de saliva cada 24 horas.