¿DISMINUYE LA BIODIVERSIDAD DE LA TIERRA?

Muchas personas trabajan para preservar la biodiversidad por su propio bien, o porque consideran que es “hacer lo correcto”. También existen razones prácticas para conservar la biodiversidad: experimentos y estudios de campo demostraron que la biodiversidad es crucial para la capacidad de los ecosistemas para proporcionar muchos servicios, en particular cuando están estresados.

Una forma en la cual la biodiversidad puede proteger los ecosistemas, en ocasiones llamada “hipótesis de redundancia”, es mediante el hecho de que muchas especies en una comunidad tienen papeles funcionalmente equivalentes, aunque varían en su capacidad para soportar diferentes presiones. Si algunas de dichas especies se exterminan, las especies restantes pueden aumentar su población y proporcionar los mismos servicios, en tanto el ecosistema opere bajo condiciones típicas. Sin embargo, si el ecosistema está estresado (por ejemplo, por sequía) las especies restantes pueden no proliferar lo suficientemente bien como para compensar la pérdida de las especies con las que compartían el ambiente.

La “hipótesis de remache” postula que especies similares en realidad pueden tener posiciones un tanto diferentes en la red de estabilidad del ecosistema.

En un ala de avión, perder un par de remaches puede no ser catastrófico, pero la pérdida de remaches en lugares estratégicos puede hacer que se separe toda el ala. De igual modo, en un ecosistema la pérdida de las especies cruciales puede causar un colapso.

En un ecosistema real, algunas especies, llamadas especies clave, ni son redundantes ni son uno de muchos remaches, pero son fundamentalmente esenciales para el funcionamiento del ecosistema. En el fondo, lo que se revela es que la diversidad de especies es importante para el funcionamiento del ecosistema, ya sea que la especie individual sea redundante, remache o clave. Más aún, con frecuencia no se entiende el funcionamiento del ecosistema lo suficientemente bien como para decir qué papel tiene cierta especie. Por tanto, los biólogos de la conservación tratan de determinar si hay una disminución de la biodiversidad y, en caso de haberla, cómo combatir la pérdida.

La extinción es un proceso natural, pero las tasas se elevan de manera dramática

El registro fósil indica que, en ausencia de eventos cataclísmicos, las extinciones pueden ocurrir de manera natural a una tasa muy baja, llamada tasa de extinción de fondo. Sin embargo, el registro fósil también brinda evidencia de cinco grandes extinciones masivas, durante las cuales muchas especies fueron erradicadas en un tiempo relativamente corto. La más reciente gran extinción ocurrió hace aproximadamente 65 millones de años, y terminó abruptamente con la era de los dinosaurios. Las causas de las extinciones masivas son inciertas, pero cambios súbitos en el ambiente, como los que pueden ocasionarse por el impacto de enormes meteoritos o un rápido cambio climático, son las explicaciones más probables.

La mayoría de los biólogos concluyen que las actividades de los seres humanos ahora están provocando una sexta extinción masiva. No obstante, no todos los biólogos están de acuerdo en que las tasas de extinción actuales son suficientemente elevadas como para reducir de manera sustancial la biodiversidad global. La falta de un consenso completo refleja la dificultad de medir las tasas de extinción. Puesto que los biólogos sólo han identificado una fracción de las especies de la Tierra, es difícil establecer la proporción de especies que ya se extinguieron o que pueden extinguirse pronto.

Las extinciones de aves y mamíferos están mejor documentadas, aunque éstas sólo representan alrededor de 0.1% de las especies totales del mundo.

Desde el siglo XVI se ha perdido alrededor de 2% de todas las especies de mamíferos y 1.3% de las especies de aves. La tasa de extinción de fondo para las aves se considera que es de más o menos una especie cada 400 años. Sin embargo, en los últimos 500 años la tasa de extinción ha sido de alrededor de una especie por año, y continúa acelerándose (casi completamente por actividades de los seres humanos).

La International Union for Conservation of Nature (IUCN, Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza), considerada la más grande red conservacionista, que consta de organizaciones de miembros en 140 países, incluyendo 200 agencias gubernamentales, más de 800 organizaciones no gubernamentales relacionadas con la conservación y cerca de 11 mil científicos y otros expertos en más de 160 países, estima que la actual tasa de extinción para todas las especies es de 100 a 1,000 veces mayor que en la Antigüedad.

La IUCN publica una “Lista roja” anual que clasifica las especies en riesgo. Las especies pueden describirse como en peligro crítico, en peligro o vulnerable, dependiendo de cuál sea su probabilidad de extinción en el futuro cercano. Las especies que caen en alguna de estas categorías se describen como amenazadas. En 2008, la Lista roja contenía 16,928 especies amenazadas, incluidas 12% de todas las aves, 21% de los mamíferos, 5% de los reptiles y 31% de los anfibios. Sólo en Estados Unidos había casi 1,400 especies en la lista de 2008 de especies amenazadas y en peligro del U.S. Fish and Wildlife Service’s (Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos). Muchos científicos temen que una gran cantidad de dichas especies en peligro estén en vías de extinción.