Deglución: la faringe y el esófago

El alimento parcialmente digerido abandona la boca en la forma de bolo alimenticio y pasa a la faringe y luego al esófago, por un mecanismo denominado deglución. La deglución comienza como una acción voluntaria, aunque en los seres humanos, después de que el alimento abandona la boca, el proceso continúa de modo involuntario como resultado de la actividad de un grupo de receptores sensoriales ubicados cerca de la abertura de la faringe. Estos receptores producen la apertura del esfínter esofágico superior y el inicio de una onda peristáltica en el esófago. A diferencia de la parte superior del esófago, formada por músculo estriado, la parte inferior está compuesta por músculo liso.

Tanto los líquidos como los sólidos son impulsados a lo largo del esófago por movimientos peristálticos controlados por redes de neuronas ubicadas por debajo de las capas musculares del tubo digestivo, que a su vez se encuentran inervadas por el sistema nervioso autónomo. El proceso es tan eficiente que podemos tragar agua incluso cuando estamos cabeza abajo. El esófago está recubierto por una capa de moco que ayuda al pasaje del alimento y protege el epitelio del esófago de la abrasión mecánica. La faringe es un órgano compartido entre el sistema digestivo y el respiratorio, sin embargo, el esófago, el segmento contiguo, es un tubo muscular exclusivo del sistema digestivo. El esófago atraviesa el diafragma muscular que separa las cavidades torácica y abdominal y se abre en el estómago.

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