En 1834, Charles Darwin inició un viaje alrededor del mundo a bordo del Beagle. En su cabeza rondaban varias ideas. Por un lado, estaba al tanto de la obra del geólogo Charles Lyell, quien había aportado pruebas (fósiles, muestras de rocas antiguas) a favor del uniformismo, es decir, de la influencia lenta de las fuerzas naturales sobre la superficie terrestre.

Lyell consideraba que la Tierra fue moldeada gradualmente a lo largo del tiempo por la acción de las mismas fuerzas naturales que operan actualmente. Esto se oponía al catastrofismo que planteó Cuvier según el cual la Tierra fue cambiando por el efecto violento y rotundo de una sucesión de cataclismo (terremotos, diluvios, etc.).

Según el uniformismo, los cambios en la tierra requirieron de muchísimo tiempo, mucho más del que proponían los catastrofistas y los teólogos, quienes eran ampliamente respetados en esa época.

Por otro lado, Darwin conocía la teoría de Lamarck y aceptaba la idea de los cambios evolutivos en respuesta al ambiente. Además, había recibido el legado de su abuelo Erasmus, quien escribió acerca de la influencia del ambiente sobre las especies, surgiendo que, los organismos que habitaban un ambiente derivaban de otros que sufrieron cambios heredables influenciados por ese ambiente.

Ésta era la situación que marcaba la época, cuando Darwin inició su viaje.

Su observación de la naturaleza

Durante su viaje, Charles Darwin se dedicó a observar detenidamente los seres vivos en su ambiente natural, y descubrió, con sorpresa, la gran heterogeneidad entre los individuos de una misma especie. Notó, a diferencia de lo que planteaba Lamarck, que las poblaciones eran llamativamente heterogéneas, que existía una enorme variabilidad a que relacionó con las características ambientales.

En el Archipiélago de los Galápagos observó las diferentes variantes en los picos de los pinzones (pájaros pequeños) y cómo ellas “encajaban” en el ambiente adecuado. Por ejemplo, los que se alimentaban de semillas poseían picos robustos y gruesos, mientras que los insectívoros tenían un pico más fino. Así, descubrió cuán diferentes podían llegar a ser los individuos de especies semejantes por habitar en ambientes distintos.

Darwin advirtió también que en las diferentes islas había especies de tortugas, semejantes entre sí y a las del continente. Esto lo llevó a considerar la posibilidad de que esas especies hubieran divergido a partir de una única especie ancestral que pobló las islas diferenciándose luego en los distintos ambientes.

Veamos con qué puntos importantes volvió Darwin a Inglaterra:

  • La Tierra es muy antigua y sufre cambios graduales.
  • El ambiente influye en los cambios que sufren las especies.
  • Hay mucha variabilidad entre los individuos de la misma especie: las poblaciones son heterogéneas.
  • Especies semejantes pueden tener un origen común.

A su regreso, leyó la obra de Thomas Malthus, quién consideraba que los recursos (alimentos, espacio habitable, etc.) crecen lentamente, de manera aritmética (2, 4, 6, 8, 10), mientras que la población humana lo hace mucho más rápido, de modo geométrico (2, 4, 8, 16, 32). Esto llevó a Malthus a pronosticar que “pronto” se acabarían los recursos que sustentan a la humanidad.

Darwin notó que en la naturaleza las poblaciones no crecen geométricamente, como lo hace la humana, a pesar de tener todo el potencial reproductivo para hacerlo. Por ejemplo, una pareja de ratones podría cubrir la tierra con sus descendientes en unos pocos años, sin embargo no ocurre así. Esto lo llevó a concluir que ese potencial está limitado por alguna “fuerza” de tal manera que sólo unos pocos individuos alcanzan la edad reproductiva y llegan a reproducirse con éxito.

Por otro lado, estaba al tanto de cómo los criadores mejoraban razas de perros, ganado, etc. Ellos seleccionaban, entre todas las variantes disponibles, a los animales que poseían determinadas características y permitían que solamente ellos se cruzaran. De esta manera, si los caracteres seleccionados eran heredables, los integrantes de la progenie contarían con esas características.

Darwin comparó la actividad de los criadores con la función del ambiente en la naturaleza. La “selección artificial” que efectuaban los criadores al elegir quién se reproducía y quién no, es comparable a la que se da naturalmente: no todos los individuos se reproducen, sino sólo aquellos más aptos para sobrevivir en ese ambiente.

Según Darwin

Entonces, así como en la selección artificial es el hombre el que selecciona entre las variantes, en la Selección Natural, este papel lo cumple el ambiente. La “fuerza” que limita el potencial reproductivo de una especie está dada por las condiciones del ambiente.