¿CUÁL HA SIDO EL PAPEL DE LA EXTINCIÓN EN LA HISTORIA DE LA VIDA?

Si hubiera una moraleja en el gran recuento de la historia de la vida, ésta sería que nada perdura. El relato de la vida puede leerse como una larga serie de dinastías evolutivas, donde cada nuevo grupo dominante surge, domina la tierra firme o los mares durante cierto tiempo, e inevitablemente entra en decadencia y luego se extingue. Los dinosaurios son la más famosa de tales dinastías extintas, pero la lista de grupos extintos conocidos sólo por sus fósiles es de una extensión impresionante. Sin embargo, a pesar de lo inevitable de la extinción, la tendencia general ha sido que las especies surgen con mayor rapidez que aquella con la que desaparecen, por lo que el número de especies sobre la Tierra ha tendido a incrementarse con el tiempo.

La historia evolutiva ha estado marcada por extinciones en masa periódicas

Durante gran parte de la historia de la vida, el origen y la desaparición de especies se realizaron de manera constante e inexorable. Sin embargo, la lenta y continua rotación de las especies es interrumpida por episodios de extinción en masa. Las extinciones en masa se caracterizan por la desaparición relativamente súbita de una extensa variedad de especies en gran parte de la Tierra. El peor episodio de todos, que ocurrió hace 245 millones de años, hacia el final del periodo pérmico, aniquiló a más del 90% de las especies del mundo, y la vida estuvo peligrosamente cerca de desaparecer en su totalidad.

El cambio climático contribuyó a las extinciones en masa

Las extinciones en masa han tenido profundas repercusiones en el curso de la historia de la vida, y vuelven a trazar repetidamente el cuadro de su diversidad. ¿Qué pudo originar esos cambios tan dramáticos en la existencia de tantas especies? Muchos biólogos evolucionistas piensan que el cambio climático debió tener un papel importante. Cuando cambia el clima —como ha ocurrido muchas veces en el curso de la historia de la Tierra—, los organismos adaptados para sobrevivir en un clima tal vez sean incapaces de hacerlo en un clima drásticamente diferente. En particular, en las épocas cuando el clima cálido da paso a climas más secos y fríos, con temperaturas más variables, las especies se extinguieron al no conseguir adaptarse a las nuevas y más rigurosas condiciones.

Una de las causas del cambio climático es la modificación en la posición de los continentes. En ocasiones, estos movimiento se llaman deriva continental. La deriva continental es causada por la tectónica de placas, en la que la superficie de la Tierra, incluidos los continentes y el fondo marino, se divide en placas sólidas que descansan encima de una capa de fluido viscoso que se desplaza lentamente. A medida que las placas se desplazan, su posición cambia en latitud. Por ejemplo, hace 340 millones de años, gran parte de América del Norte estaba situada en o cerca del ecuador, en una región que se caracterizaba por tener un clima permanentemente cálido y lluvioso. Pero, conforme transcurrió el tiempo, la tectónica de placas llevó al continente hacia regiones templadas y árticas. De este modo, el clima tropical fue sustituido por un régimen de cambios estacionales, temperaturas más bajas y menos lluvias. La tectónica de placas continúa en la actualidad; por ejemplo, el océano Atlántico se expande unos cuantos centímetros cada año.

Eventos catastróficos pudieron causar las peores extinciones en masa

Los registros geológicos indican que la mayoría de los eventos de extinción en masa coinciden con los periodos de cambio climático. No obstante, para muchos científicos, la rapidez de las extinciones en masa sugiere que el lento proceso del cambio climático no fue, por sí mismo, el responsable de tales desapariciones de especies a gran escala. Quizá sucesos más repentinos también jugaron un papel importante. Por ejemplo, los eventos geológicos catastróficos, como las erupciones volcánicas masivas, pudieron tener efectos devastadores. Los geólogos han encontrado evidencia de erupciones volcánicas pasadas tan colosales, que harían ver la explosión del monte Santa Elena, en 1980, como el estallido de un simple petardo. Sin embargo, incluso tales erupciones gigantescas afectarían de manera directa sólo una porción relativamente pequeña de la superficie terrestre.

La búsqueda de las causas de las extinciones en masa dio un giro fascinante a inicios de la década de 1980, cuando Luis y Walter Álvarez propusieron que el evento de extinción de hace 65 millones de años, que aniquiló a los dinosaurios y muchas otras especies, fue causado por el impacto de un meteorito gigantesco. La idea de los Álvarez se recibió con gran escepticismo cuando se presentó por primera vez, pero las investigaciones geológicas a partir de entonces han generado una gran cantidad de evidencias de que ese impacto masivo en realidad ocurrió hace 65 millones de años. De hecho, los investigadores identificaron el cráter Chicxulub, de 160 kilómetros de ancho, formado debajo de la península de Yucatán, en México, como el lugar de impacto de un meteorito gigante, de 16 kilómetros de diámetro, que colisionó contra la Tierra justo en la época en que desaparecieron los dinosaurios.

¿Pudo el impacto de ese inmenso meteorito haber causado la extinción masiva que coincidió con él? Nadie lo sabe con certeza, pero los científicos sugieren que tal impacto masivo habría arrojado tanto material de desecho hacia la atmósfera, que todo el planeta hubiera quedado en la oscuridad durante varios años. Como muy poca luz solar llegaría a la corteza terrestre, las temperaturas descenderían rápidamente, y la captación fotosintética de energía (de la cual depende toda la vida terrestre) disminuiría drásticamente. Ese “invierno por impacto” a nivel mundial tal vez resultó mortal para los dinosaurios e infinidad de otras especies.