Absorción ulterior y eliminación: el intestino grueso

La absorción de agua, sodio y otros minerales ocurre primariamente en el intestino delgado y continúa en el intestino grueso (colon ascendente, transverso y descendente). En el curso de la digestión ingresan en el estómago y en el intestino delgado alrededor de 7 litros de agua por día. Este líquido proviene del alimento y de la bebida que ingerimos. Cuando en el intestino grueso se interrumpe la absorción de agua y minerales, como ocurre durante una diarrea, puede producirse una deshidratación grave.

El intestino grueso aloja una población considerable de bacterias simbióticas, incluidas E coli y especies de Lactobacillus. Estos microorganismos degradan el alimento que no fue digerido ni absorbido en el intestino delgado y a partir de él sintetizan aminoácidos y vitaminas. Los humanos aprovechamos algunas de esas vitaminas, como la vitamina K, que no podemos sintetizar, Sin embargo, la mayor parte de las vitaminas que no producimos las obtenemos de distintos componentes de la dieta.

En el intestino grueso hay un pequeño saco ciego, el apéndice .

Este órgano es un posible “recuerdo” evolutivo de nuestros antecesores herbívoros y actualmente no tiene ninguna función digestiva conocida. Sin embargo, el apéndice se puede irritar, inflamar e infectar, es decir, ocasionar la apendicitis. Si supura como resultado de la inflamación, puede eliminar su contenido bacteriano en la cavidad abdominal y producir así una infección grave, conocida como peritonitis, que si no se trata puede resultar mortal. Si bien el apéndice humano no participa en la digestión, es uno de los sitios de interacción de células implicadas en la respuesta inmunitaria.

Por último, todo aquello que no fue digerido o absorbido se elimina como materia fecal. El material que circula por el tubo digestivo y que no es absorbido a través de las células intestinales nunca ingresa verdaderamente en el organismo. Por lo tanto, existe una clara diferencia entre los procesos mediante los cuales el alimento se transforma en materia fecal y aquellos que provienen del metabolismo celular y que dan lugar a los productos de excreción.

La masa de materia fecal está compuesta por agua, bacterias (en especial células muertas) y fibras de celulosa, junto con otras sustancias indigeribles, y es lubricada con moco secretado por el epitelio de la mucosa del intestino grueso. Estos desechos se almacenan de modo breve en el recto y luego se eliminan por el ano como heces. Los pigmentos biliares, resultado de la descomposición de la hemoglobina, son responsables del característico color de las heces.